Estoy seguro que en cuanto puse mi cabeza en la almohada, fue hora de levantarme. No porque no tuviera ganas de seguir durmiendo, sino porque tengo la convicción de hacer bien lo que hago. ¿Cuántas veces hacemos cosas por obligación y no por gusto? En mi caso, lo segundo fue el motor que me permitió conducir y llegar a tiempo a dar mi clase.
Mientras me despertaba y me preparaba para la necesaria ducha matutina, un pensamiento cruzó por mi cabeza… a diferencia de ayer, hoy no era una sensación alentadora, sino una reflexión de mi pasado que me acecha hasta la fecha… ¿será posible que se cumpla?
Intempestiva lluvia que cubrió a toda la ciudad. Aroma típico y característico de nuestra perla tapatía, la tierra mojada. Trayecto tortuoso, por la dificultad que representa el manejar con lluvia, pero sin problema alguno. Nuestro Periférico nos permite disfrutar de muchos contrastes mientras transitamos en él, pero si la fluidez lo permite, la realidad que está tras nuestros parabrisas, parece irse tan rápido, como vayamos conduciendo.
Retorno, vueltas y maniobras para llegar al inmueble; donde algunas horas después, terminaría el módulo de Retoque Digital (delicia para todos los que elevamos la imagen al grado de prodigio de la humanidad). Un viento frío me recordaba mi reflexión, pero decidí continuar con normalidad mi día.
La confirmación de mi invitación para retomar las clases en bachillerato vino en el mismo lapso que la salida momentánea del sol. Comenzó con alegrarme el día y me dejó terminar el taller a deshoras. La lluvia reincorporó su fuerza y me agradó la manera en cómo acompañó mi regreso a casa. Justo en tiempo para tomar mi cámara, entrar a la ducha y respirar. Simplemente respirar y contemplar lo que el resto del día me ofrecería.
Lentes para sol y cinco personas en el auto, con destino a las afueras de Guadalajara. El clima tan cambiante nos brindó durante nuestro trayecto sol, nublado y lluvia. La música proveniente de un iPod resonaba en la terraza a la que llegamos, y me sigue sorprendiendo cómo el sonido une a las personas.
La cadencia que poseen algunas canciones es tan contagiosa, que hasta el humor nos cambia. Mis sonoras carcajadas me hicieron doler el abdomen ¿les ha pasado? En general, puedo decir que fue una buena tarde; demasiadas explicaciones e intentos fallidos de hablar otro idioma, ambos perseguidos por preparados de tequila y shots de jägermeister
Platiqué con quienes estimo, y que sus palabras me alentaron a continuar escribiendo. Seguí riendo mucho, mucho más durante el resto de la –ahora- noche. Y justo cuando tomé mi chamarra, para cubrirme del frío, un ligero viento helado me hizo recordar en lo que reflexioné por la mañana; preámbulo a un desenlace que no hubiera elegido.
Las personas se muestran (nos mostramos) tal cual son, sin máscaras ni antifaces… simplemente así. El alcohol es lo que se necesita para liberar al yo real, ese que tal vez no nos gusta que se haga presente. Veneno líquido que desinhibe a nuestros sentidos, a nuestras percepciones, a nuestros amarres. Bebida etílica rodeada de memorables anécdotas (para bien y para mal) que es la indiscutible compañía de reuniones y festejos. Simple excusa para dejar nuestra zona de confort y ser como somos… así sin más.
Confieso que no me pudo encantar lo que vi, lo que experimenté… más sé que mi cara lo dijo todo (maldito don de ser expresivo y mostrar con mis gestos lo que mi interior siente, sin tener la posibilidad de mentir al respecto). Tan sé que lo dijo todo, que me lo hicieron saber –aun cuando me conocieron de hace poco.
A veces no deseo ser como soy, lo admito; no porque no me guste ser yo, sino porque creo que me “facilitaría” tantas cosas en la vida. Sería mucho más ligera mi carga, lo sé, ser aprehensivo no deja nada bueno en un mundo como en el que vivimos. Maldición familiar que somatiza lo que le sucede, sin poder controlarlo de manera adecuada. Conjunto letal de atributos que no permite una estadía tranquila sin tener que estar con el pensamiento, cual caballo desbocado, a todo galope.
El insomnio se ha apoderado de mi (muchas cosas de mi pasado, se han hecho presentes esta semana), y resulta en no ser el mejor compañero mientras se tienen preguntas con respuestas tan afiladas. ¿Ser fatídico es parte de mi propia naturaleza y está cargado en mi subconsciente? ¿La predisposición a que algo malo suceda es inherente en mi? ¿Soy tan predecible que un pensamiento me define?
La lluvia es mi compañera nuevamente en esta noche, la veo a media luz (por el poste que está en la esquina de mi casa). Ver la gotas caer con la iluminación de la lámpara incandescente e intentar detener las gotas con la mirada, es una analogía a lo que estoy sintiendo ahora. Un dejo de melancolía se apodera de mí… y me pregunto: ¿qué estarás haciendo tu ahora? ¿en qué estarás pensando? Admito que me haces falta, mucha falta. Recuerdo cuando podía hablarte y me escuchabas… tu solo me escuchabas.
Quiero dormir ya, mi cuerpo lo necesita, me lo pide… voy sintiendo como las funciones orgánicas básicas se van debilitando. Mis ojos entreabiertos me arden, sé que los tengo colorados (diría mi abuela). El viento sopla y entra por mi ventana; signo de que la intempestiva lluvia que está presente desde la mañana no ha cesado aún. Me resisto a dormir, porque no quisiera sentirme así, tan fuera de lugar, tan alejado de todos.
No quiero ya pensar en el ayer (que fue tan bueno), ni flagelarme con el hoy (que fue tan sorprendente)… únicamente respiro, y respiro lento, pausado, intentando imaginar cómo es que cada bocanada de aire que entra a mi cuerpo realiza su recorrido. Y decido que ya no pensaré más… estaré quieto, muy quieto, y así me quedaré un rato
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