El asunto de que uno empiece a hablar del mismo tema con distintas personas, sirve para verificar si uno está equivocado o correcto… bueno, al menos yo lo aplico para saber que no estoy del todo deschavetado…
En una de mis muchas noches de insomnio “conversaba” por el MSN (si, confieso que aún lo utilizo) con un conocido y llegamos a un tema que le causó controversia (y que me sirvió como excusa para escribir este post): el que yo (aún) crea en la bondad de las personas y confíe en ella sin conocerlas del todo. Postura que le causó curiosidad y sorpresa, que en una época tan violenta como la actual, yo defienda el hecho de que las personas no son malas por naturaleza, sino por elección.
Defiendo mi argumento: Uno nace determinado a hacer el bien, ¿cierto? Inocentes y sin malicia, salimos del útero de nuestra mamá, y se espera que seamos mujeres y hombres de bien (en el mejor de los casos); sin embargo, en cierto momento crítico de nuestra vida (por X o Y razones) uno se pierde de ese objetivo y comenzamos a actuar no del todo adecuado (rompiendo las reglas de la sociedad, de la religión, de etiqueta), porque en definitiva, es mucho más sencillo portarse mal (aceptémoslo, ser bueno requiere mucho esfuerzo).
No me mal interpreten, no estoy en una postura moralista (ni juzgo el comportamiento de nadie). Pero es que aunque usted no lo crea, realmente creo en que las personas tienen ese pequeño trozo de bondad en su ser, simplemente lo reprimen con (muchas) ganas y se destinan a hacer el mal.
Por lo general, yo trato (de nuevo, aunque usted no lo crea) de ser cordial y cortés con todos los que me rodean; pero del mismo modo que ganan mi confianza sin mucho esfuerzo, la pierden con la misma facilidad; y no suelo tener nada de tacto ni medida con ser totalmente malicioso. Posiblemente sea uno de mis peores defectos (en proceso de corrección).
Poner a las personas en un pedestal alto, adornadas con un gran número de cualidades (que pueden o no ser “reales”) tampoco resulta una buena decisión de mi parte, porque la caída suele ser letal para aquellos que no cubren con la expectativas impuestas por mi “visión” de la realidad. Grave error que me ha costado caro entenderlo, más de lo que he estado dispuesto a pagar.
La discusión no llegó a mucho, la discrepancia siguió, sus razones fueron válidas, tanto como las mías… así que fue mejor dejarlo como tema pendiente… cuando alguno de los dos tuviera un mejor argumento para convencer al otro…
¿Ustedes de cuál lado están?
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