En esta tarde (que parece más noche), a punto de terminar con este ciclo laboral… mientras espero que la enorme cantidad de bits de información personal se transfiera, hago una pausa y me detengo a pensar; momento adecuado para recapitular todo lo que ha ocurrido en este año con mi vida.
Desde inicios de 2010, ha sido una tarea titánica el recuperarme de la derrota (según yo) que fue 2009 – pocos conocen las causas de esto; sin embargo, haciendo un balance, creo que debía suceder de la manera tal cual ocurrió, y que me permitió llegar al punto en que me encuentro actualmente. Uno no puede ir por la vida sin aprender de las experiencias que se le presentan… ¿Cierto?
El probar a tope mis capacidades y conocer hasta donde podía llegar por mis propios méritos, fue de las batallas a afrontar en el año. La falta de identificación con el entorno fue una de las razones por las que me adentré en el mundo digital, donde encontré todo un mundo novedoso y lleno de personas fascinantes (qué después corroboraría de manera offline)
La oportunidad de regresar al mundo corporativo transnacional no llegó mucho después, y fue ahí donde tuve que comenzar a priorizar lo que resultaba importante en mi vida; no por razones económicas (que confieso fue un factor decisivo en su momento), sino por las posibilidades que me brindaría a futuro. Esas pequeñas voces en conflicto dentro de mi cabeza, que intentan disuadirte de tomar decisiones apresuradas, se hicieron presentes durante varios días.
Eventualmente tuve que decidir, y la sensación de protección por parte de una organización global me ganó totalmente; además de que ya conocía lo que era trabajar en estos rumbos. Peripecias y proyectos que aún continúan en conjunto siguen atándome a esa oportunidad con la que inicié el año (además de la amistad que creo tener ahí).
Se esboza una sonrisa al aparecer en mi mente imágenes de esa aventura que fue Denver… no tanto por ser un nuevo destino, sino por las amistades que logré gestar allá (aunque lo nieguen, ahí dejamos de ser compañeros y nos volvimos amigos); increíble que cuatro personas distintas (en perspectivas de vida, deseos propios, sueños y aspiraciones…) llegaran a un punto de acuerdo para sacar lo mejor de sí en su día a día, y ese nivel de profesionalismo no se ve (vive) a diario.
Tanta cosa interesante que viví aquí, con sus bemoles y sobresaltos; pero de que fue una experiencia demasiado interesante, no me queda la menor duda. Te das cuenta cómo no todo se debe juzgar por su primera impresión: aquellos que se veían tan inalcanzables y tan lejos, y que están más que cerca; los otros con los que nunca pensaste relacionarte, y terminaste conversando con ellos a altas horas de la noche; algunos cuya permanencia sugeriría garantía de calidad, y que no son más que breves esbozos de lo que quisieran ser… contradicciones vivas, como la vida misma
Y ahora, al llegar al final de esta aventura, ocho meses después, no queda más que agradecer. No por simple cortesía (o incluso hipocresía), sino por el hecho de haber caminamos juntos. Mi creencia personal de que estamos en esto confabulados de algún modo, me permite seguir adelante, a sabiendas de que posiblemente no será la última vez que nos veamos. Puede que sí, puede que no… uno nunca sabe dónde te llevarán estos caminos no escritos.
La siguiente etapa está en puerta, y a pesar del temor que pudiera sentir (¿a lo desconocido?) sé que estaré bien; grandes y talentosas personas están ansiosas de mi colaboración, y eso me llena de orgullo (y honesta gratitud adelantada) para todos y cada uno de ellos…
¿Dónde iré a parar? No lo sé aún…
Pero lo que sí sé, es que aprenderé aún más de todo esto.
Lentamente los datos terminan de moverse, un sorbo a mi última vespertina (¿nocturna?) taza con té y leche… recupero la conciencia para darme cuenta que, como muchas otras veces, estoy (casi) solo en la oficina.