Si están en la búsqueda de algo relacionado con “inspiración de vida” creo que este post llega en buen momento (para mi y para ustedes).
Hace algunos días, la reconocida alpinista mexicana Karla Wheelock estuvo en un evento que organizó la compañía de la cual ahora formo parte, compartiendo un día con nosotros entre actividades de integración para los empleados, dinámicas de liderazgo y resolución de problemas, finalizando con una muy amena charla sobre el alcance de nuestros sueños, el trabajo en equipo y el logro del éxito, según su particular perspectiva.
Karla (haciendo gala de su amenidad como regia) ligaba mediante analogías sus aventuras de alpinismo con nuestro ocurrir diario de la vida, resaltando la importancia de tener siempre presente el qué queremos lograr – trazando un plan adecuado para conseguirlo, al buscar nuestros sueños. De nada sirve querer llegar a cierto punto, sino tenemos generada (o al menos entendida) la ruta con la que haremos el recorrido. Y es que ya lo decía Benjamin Disraeli “el secreto del éxito en la vida de un hombre está en prepararse para aprovechar la ocasión cuando se presente”
Mientras ella hablaba, recordé The Seven Habits of Highly Effective People (uno de esos libros de la bonita tendencia de autoayuda de los 90s) que maneja, en cierto modo, el mismo principio: visualizar lo que se desea alcanzar antes de emprender el viaje, pensando siempre en lograrlo, y cómo inicia este proceso de visualización (desde dentro de uno, hacia afuera). La señorita Wheelock comentaba que la idea debe de “colocarse” en nuestra mente, pero que la parte de “bajarla” al corazón es crucial para buen termino. No basta únicamente con tenerlo presente, hay que anhelarlo con todas nuestras fuerzas.
En su narración, Karla destacaba particularmente la importancia del trabajo en equipo (pequeño gancho al ser una offsite corporativo) y cómo resulta un componente indispensable -no solo en la montaña, sino en las actividades diarias que realizamos. Aceptémoslo, no somos ermitaños ni autosuficientes en todo sentido, por lo que interactuar con las personas, y aún más, el requerir algún tipo de apoyo/consejo/ayuda/consuelo/soporte es indispensable para un adecuado funcionamiento social… simplemente el ser humano no está “diseñado” para estar solo (lo siento desadaptados, emos, ninis y demás fauna del estilo, pero así es)
Parte de su relato enfatizaba el proceso que siguió para alcanzar la cumbre del Monte Everest, desde el “simple” detonante que fue el comentario de una pequeña niña en un campamento de verano y todo lo que desencadenó posteriormente, entrenamiento, decisiones, búsqueda de patrocinios, preparación… hasta llegar a la cima del Monte Everest. Atrapó (aún más) mi atención cuando nos compartió una máxima del mundo del alpinismo:
“la actitud define tu altitud”
Digamos que fue como una “pedrada” directa porque lo he comprobado durante estos último par de años, la actitud que tomes lo es todo ante la que te pide afrontar la vida. El cómo tu postura frente a la adversidad y la determinación con el que recibes lo que va llegando ofrece todo un infinito de posibilidades para llevarlo a buen término (eso de las Teorías de Cuerdas y sus multi-universos en función de nuestras decisiones, ya no suena tan descabellado) . Últimamente mi actitud es positiva, y los resultados -curiosamente, han sido favorecedores (o mucho muy buenos)… Ahora tendré que darle mucho crédito a Norman Vincent Peale y a su teoría del Pensamiento Positivo.
Ya casi al final de su presentación, Karla nos invitó a “sentir” a nuestro entorno (hablando sobre los miembros del equipo), puesto que cuando uno entendía que nuestras acciones afectaban a los demás (de manera directa o indirecta) todo en nosotros cambiaba: nuestra actitud, nuestra manera de afrontar las situaciones y por ende, nuestros resultados (ante y fuera de nuestra propia vida).
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