de Detalles, Salvadoreños y la Comida-Cena

Estoy escribiendo esto, mientras escucho como una suave brisa de viento mueve las hojas de una palmera, debajo de una terraza, y con un shuffle en la música que me genera todo tipo de sentimientos (y buenos recuerdos). Me pregunto cómo llegué a estar en esta silla, en esta mesa, en esta casa… mientras veo las interacciones que tienen los demás que están en la cocina, tras el vidrio que me separa de la multitud. Pensando en qué momento dejé de ser un extraño para muchos de ellos y me convertí en alguien que forma parte de la vida de algunos en la reunión.

Jugarretas del destino que permiten que completos extraños se vuelvan cercanos, que tengan la oportunidad de compartir experiencias y –lo más interesante, puedan recibir el mote de “amigo” entre ellos. Gente que no se conoce y que logra desarrollar vínculos para permanecer cerca, provocando vivencias conjuntas. Algunas experiencias serán recordadas por lo agradable que fueron, otras por lo lamentable que llegaron a ser; pero que indiscutiblemente generarán una historia común.

¿Alguna vez te has puesto a pensar la enorme cantidad de gente con la que interactuamos día a día? Realmente con cuántas personas son con las que tenemos una “relación” de algún tipo (familiar, cordial, laboral, de amistad, amorosa…) ¿Qué evento propicia vencer la barrera del desconocer a alguien, entregarle nuestra confianza e iniciar la relación con ellos?

Una risa sonora rompe mi concentración… once personas parecen disfrutar estar en una misma habitación, amigos de la universidad en su mayoría que -so pretexto de una comida/cena se reúnen para compartir tiempo y espacio, además del pan y la sal. Algunas cervezas, muchos (muchos) limones, jícamas, pepinos, mango y salchichas preparadas están en el fondo, y abren el apetito para los platillos que están preparando.

¿Con cuánta gente interactuamos entonces? Estoy seguro que la cuenta supera el número de dedos que tenemos en ambas manos… Caprichos del destino (o de la vida, o del karma…) que sirve como excusa para cruzar caminos y (parafraseando a una buena amiga) “compartir vagón en el tren de la vida”

Sin embargo, a pesar de que la convivencia diaria sea particularmente importante, estoy seguro que el tan buscado click entre las personas se da como consecuencia inminente en los detalles. Me explico. La preferencia en el estilo musical, en la manera de vestir, en nuestro credo religioso, en la elección política, en el tipo de comida… son todos catalizadores en nuestra posibilidad de relacionarnos con los demás, pero no lo son todo. Es necesario un momento específico para romper la solemnidad y comenzar a estrechar el vínculo.

Extraordinario instante en el que somos nosotros, sin máscaras, sin etiquetas… y convivimos. Es justamente en ese punto que se deja la extrañez y da inicio a la historia conjunta. Aún a pesar de los defectos, de las virtudes, de los gustos distintos… las personalidades logran hacer match. Ese dicho de “primeras impresiones, jamás se olvidan” tiende a ser cierto en ocasiones específicas (y en este caso, para buenos resultados).

Ni la nacionalidad, ni las diferencias culturales, ni la distancia… son impedimentos para estrechar relaciones. Curiosa experiencia personal que me permitió encontrar a (nuevos) buenos amigos desde El Salvador. Interesante historia del cómo llegaron a Guadalajara, pero eso es lo de menor importancia. En sólo tres días, los detalles de su personalidad hicieron que (muy) pronto dejáramos atrás el miedo al “primer encuentro” y que simplemente fuéramos “viejos amigos” de una manera rápida.

¿Por qué decidimos dar nuestra confianza a ciertas personas? Considero que es simplemente cuestión de ciega fé. Creer en las personas por lo que parecen ser puede resultar en un acto suicida, y con efectos devastadores; pero en contadas ocasiones, la sorpresa que da conocer a seres encantadores (desde otras latitudes) es todo un privilegio en la vida.

Poner de acuerdo a tanta gente, para decidir la manera en cómo se va a preparar la comida, es toda una odisea digna de presenciar. Realmente no soy parte de ese grupo, ni de la dinámica que están llevando a cabo, soy un testigo silente desde la esquina de la cocina; tributo pagado con una ofrenda hecha postre. No hablaré de los distintos temas que alcanzo a escuchar, mientras mis dedos intentan teclear a la velocidad que mi mente procesa los estímulos de mi entorno.

Los detalles permiten gestar toda la experiencia y estrechar la relación; pequeños elementos del cotidiano que nos hacen completar una serie de vivencias y que al final son memorables por su sencillez. Tanto el detalle como el tiempo deben de ser perfectos y exactos (respectivamente): una palabra de aliento, el gesto cordial camino al trabajo, compartir un pensamiento, la dedicatoria de una canción, un pequeño correo… son sólo ejemplos de los simple que puede llegar a ser.

La ocurrencia con las que los salvadoreños transitan en la vida es digna de envidia. La extrema confianza y lo llevadero en la personalidad de Alex, contrastaba con la gran solemnidad y tranquilidad que reflejaba Carlos. Personalidades un tanto dispares que hicieron de esos tres días una gran experiencia. No solo porque me permitieron ser turista en mi ciudad, sino porque su compañía y capacidad de sorpresa era impresionante. Tanto que me hicieron aprender de la metrópoli en la que resido, y que daba por sentado. Su necesidad de conocer más y más me provocaba mucho orgullo (de esos que los tapatíos sabemos)

Y es que, a pesar de nuestras distintas maneras de pensar (no entenderé su gusto culposo por la TV nacional), me era grato pasar tiempo con ellos. A pesar de mi “interesante” personalidad, fueron capaces de aprender a convivir conmigo y pasarla bien (no creían que puedo ser de lo más divertido, a pesar del “miedo” inicial). Ahora que lo veo en perspectiva, su ¿y tú por qué no…? sigue retumbando en mi inconsciente.

El olor a empanizado inunda toda la cocina, señal de que la preparación de la “comida a las 4PM” está por llegar a su fin, dando paso a degustar todo lo que están preparando… Sigue impresionándome el comportamiento de todos y cada uno: los muy callados, las de la plática amena, los de la voz grave, los que toman cerveza… y trato de imaginar cuál fue el detalle que los dejó unirse y tener ya una historia juntos.

Alex y Carlos dejaron un buen recuerdo en mi memoria, triste asunto el que tuvieran que regresar a su país costeño a retomar sus actividades cotidianas (estar en la playa, cosechar cocos, hacer trencitas…) y realmente los extraño. Sólo tres días (realmente fueron minutos) hicieron falta para que hiciéramos click. El detalle de la simpleza en su personalidad fue lo que produjo el match. Buena experiencia, buenos recuerdos. Nuevos amigos desde la hermana República de El Salvador.

Ya están en la fase de limpieza de la cocina, confieso que esta vez yo no participé en la preparación de los alimentos. Me limité a ser testigo, hacerme muchas (muchas) preguntas, y escribir este post.

PD:
Espero visitarlos pronto, para que me presenten a su perro en la playa en la que viven y trabajan atendiendo turistas.

Published by yoSoyTono

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One thought on “de Detalles, Salvadoreños y la Comida-Cena

  1. Hahahahahahahaaha….. Dice pulgoso que te esta esperando con ansias!!!!!! Tan duuuuuuuundo!!!!! Gracias por lo de solemnidad y tranquilidad… Algunos lo llaman elegancia :@ …. Me robaste un par de lagrimas….. 😉

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