Adiós, Patricio Sanz #37. Adiós.

Para la 1:25 pm del martes pasado (Septiembre 19, 2017), desde Guadalajara escribí con mucho desconcierto y preocupación varios “¿ESTÁS BIEN?!” a amigos y conocidos en CDMX; 10 minutos antes, un terremoto de 7.1 grados había sacudido violentamente toda la ciudad y ni dimensionaba lo que había causado. Angustia.

Pensé que estarían en su oficina o por salir a comer, de ahí la falta de respuesta; de cualquier manera estaban preparados porque tuvieron el macro simulacro conmemorativo, ¿no?. Internet empezó a arder con los #TenemosSismo, varios videos y fotografías impactantes empezaron a publicarse en redes sociales y me quedé impresionado.
A cuentagotas, los “Estuvo cabrón, pero estoy bien” y los “no mames – no mames, qué fuerte!” aparecieron en mi pantalla después de casi una hora; cada mensaje enviado empezó a tener respuesta y me tranquilizaba saber que todos estaban reportándose, asustados o aún en shock, pero salvos. Alivio.

A las 3:57 pm, una voz quebrada que casi no reconocí y con notorios sollozos me dijo por teléfono: “prepárate, no es estoy todavía segura, pero parece indicar que nuestro edificio colapsó… Ya vamos en camino, cuando sepa más te aviso” y mi respiración se detuvo por un momento.
Una fotografía en whatsapp confirmó a las 5:30 pm que había sucedido lo que esa voz familiar lamentó. El instinto natural fue negarlo, decir que no era cierto, que había un error.
La lógica se hizo notar y me di cuenta. Sí, era cierto, Patricio Sanz #37 colapsó. Confusión.

Empecé a rastrear en internet la calle y el número; tecleaba la dirección con la esperanza que hubiera alguna equivocación o de menos, que no fuera tan grave. A sabiendas que la situación alrededor de la ciudad no era nada alentadora; mientras los resultados de la búsqueda iban mostrándose, me decía a mi mismo para tranquilizarme: “la foto está mal tomada y luego la gente luego aumenta lo que pasa cuando está nerviosa”.
Sin embargo, varias imágenes de la fachada de Patricio Sanz #37 (que tantas veces vi al llegar a casa) empezaron a aparecer con textos que confirmaban que la situación era cierta… y grave. Mis pupilas se dilataron más y más al ver esos pixeles. Tuve una sensación como si fuera en caída libre, a toda velocidad y sin red de seguridad. Sin saber qué hacer, nada más sentí mis ojos aguarse. Caos.

Para las 7:07 pm me había hecho a la idea de lo inevitable: todo lo que tenía podía darse por perdido, lo que estaba en el departamento en Patricio Sanz #37. La comunicación era complicada por la saturación de las líneas telefónicas y el 4G intermitente, nadie abría sus WiFi, chingados… La alerta de un grupo reciente con mis vecinos terminó por darme un golpe de realidad. Ironía: por un lado estaba tranquilo porque mi gente estaba ya segura, salva y en camino a sus casas; mientras que por el otro, una sensación de vacío se acrecentaba en mi pecho. El “¿Y SI TODO SE PERDIÓ?” estaba en mis pensamientos. Ansiedad.

¿Qué es lo que haces cuando estás lejos y tienes una emergencia? Haces de todo para que los demás sean tus ojos, tus oídos, tu boca… Ansías tener más claridad, entender los por qué, saber cómo fue. En resumen: muchas preguntas, pocas respuestas, cero entendimiento. Buscas más y más noticias, datos disponibles, sigues con internet pero también prendes la tele, contactas a personas que estén cerca de donde sucedieron los siniestros. Reúnes información y sacas conclusiones.
¿Qué significa realmente eso de “PÉRDIDA TOTAL”? ¿Y si se puede entrar todavía a Patricio Sanz #37 y rescatar algo? ¿Qué pediría que sacaran? El valor de las cosas, como sea, esas se reponen y ya… pero ¿y los recuerdos? ¿cómo le haces para que esos no queden perdidos? Ahí está lo cabrón. Colisión.

7:31 pm se detuvo mi corazón, no sé si literal o en sentido figurado. Encontré un tuit con video que me hizo presente en CDMX; ahí merito, justo frente a Patricio Sanz #37; ahí delante de lo que fue mi hogar en la Del Valle. Esos 0:16 me hicieron sentir muchísima impotencia y no pude hacer otra cosa más que llorar, llorar solo. Patricio Sanz #37 se veía muy arruinado, ¡no había planta baja! ¿Habrán salido todos a tiempo? ¿Cómo estaba mi roomie? ¿Y los vecinos? ¿Y don Memo, el portero?
Creo que nunca voy a olvidar la sensación de desconsuelo que me causó ese video. PÉRDIDA TOTAL no era ya sólo un combo de palabras, era mi realidad. Tristeza.

Intenté recomponerme y me puse a compartir información para ayudar de alguna forma. La inutilidad de los +460 km que me separaban no iba a ser un impedimento para apoyar aunque fuera de esa manera. Mientras tanto, recibía llamadas y respondía mensajes; todos decían que me había salvado, que era afortunado de no estar en CDMX, que qué bueno que no estaba, que no regresara ya. Tengo suerte (¿o un Ángel de la guardia bien efectivo?), supongo.
Pasaban las horas y yo seguía tribulado, pero contribuyendo a distribuir información, leyendo las noticias y viendo cómo la ciudad (y sus habitantes) reaccionaban ante la emergencia y la adversidad. Esperanza.

Las 4:06 am aparecían en la pantalla del iPhone y yo seguía despierto. Había intentado dormir pero no podía conciliar el sueño; me sentía cansado, pero mi mente no dejaba de traer imágenes de edificios que conocía (en la Roma y en Condesa) y que estaban dañados; pensaba en mi roomie, en mis amigos, en mis vecinos… en la situación de mi Patricio Sanz #37, en lo que tenía por delante. ¿En verdad estaba pasando por esto?
El Miércoles, el Jueves y el Viernes siguieron así. Perdí la noción del tiempo, las 3:23 am se mezclaban con las 5:47 pm y yo seguía en vigía, en estado de alerta, no como zombie sino totalmente funcional y coherente, con rush de adrenalina.
Sentía mucha tristeza y desconcierto en los mensajes que llegaban, pero consuelo de que seguía recibiéndolos. Mi gente estaba ilesa y la mayoría estaba con bien. Conflicto.

El sismo ha traído más de 300 fallecidos, aún siguen muchas personas desaparecidas y un tremendo daño en infrastructura, casas y edificios en Ciudad de México, Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero y Oaxaca. Afortunadamente, no tengo vidas que lamentar, meramente cosas materiales; pero es inevitable que no duela. Lo perdido es incalculable, no por su valor sino por el significado; todo lo que usaba en mi cotidiano estaba tan cerca y tan lejos de ser rescatado, sin posibilidad de recuperarlo. Todo estaba atrapado en el ahora colapsado Patricio Sanz #37.
Haciendo la maleta para regresar a CDMX entendí que eso que ponía dentro era lo único que tenía ya: mis 3 pantalones, 4 playeras, 2 shorts, los 2 pares de tenis tenis, 1 sudadera, 5 bóxers, 5 calcetines, 1 sandalias y algunos artículos de higiene; además de una mochila con la MacBook y el iPhone. Todo lo demás estaba siendo aplastado más y más por los ladrillos, las paredes, el piso, los muros… Pero aún con tan poco que tengo, es MUCHO, mucho más de lo que algunos tienen actualmente.
Me sentí muy agradecido de seguir teniendo cosas mías y cerré esa maleta naranja que ahora es TODO para mi y tomé rumbo a enfrentarme con la realidad de CDMX. Quebranto.

A la 2:00 pm en punto vi con mis propios ojos lo que ya conocía tan bien en fotos: el edificio colapsado en Patricio Sanz #37, cerca de Viaducto y Xola. Era impresionante el sonido tan fuerte que causaba el silencio. Sí, así de irreal y absurdo era la escena. Sí, así de dramático es esto.
Me quedé sin hogar. Nos quedamos sin hogar. Pero estamos vivos… y no es cliché.
PÉRDIDA TOTAL es mi realidad ahora y hay que aceptarla para seguir adelante. Se dice tan fácil. Ahí enfrente, detrás tras una barricada de Protección Civil sentí una tristeza abismal por mi cajita de recuerdos desde que me acuerdo, por los tantos libros que me leí durante mis trayectos, por los lápices de todos mis viajes y mi montón de plumones, por todos mis botes con ingredientes, por mi hornito y la batidora de Gordurita Rica, por mis sillas nuevas y la mesa heredada, por mi primer litografía enmarcada (¡y colgada!), por todos los regalos que me han hecho y los que estaban sin abrir, por mi ropa y mis sábanas recién lavadas, por el escondite con mis chocolates y el montón de post-its, por mis adornitos y mi colección de legos… por todo lo que tenía ahí.
Todo estaba. Todo está. Todo ahí en mi Patricio Sanz #37. Desconsuelo.

Aún con todo, estoy muy agradecido por ese montón de personas que tengo el privilegio de llamar AMIGOS. Porque se preocuparon por mi y la situación que tengo. Una gran y grata sorpresa el sentir todo el amor (sí, así mero) que me han dado en estos días, especialmente el de personas que ni imaginaba.
Se siente reconfortante ser tan querido y contar con tanto cariño.
Gracias a todos ustedes, gracias.
Gracias por demostrarme cómo ser valiente para continuar.
Gracias por abrirme las puertas de su casa y hacerme sentir que tengo un hogar.
Gracias por no sólo ofrecer su ayuda, sino estar presentes.
Gracias por leer mis mensajes a las 3:31 am.
Gracias por su apoyo desinteresado y sorpresivo.
Gracias por alentarme a no tener miedo.
Gracias por estar al pendiente de mi, desde un mensaje hasta una plática.
Gracias por ayudarme a sobrellevar la pérdida de Patricio Sanz #37.
En serio, gracias a todos ustedes. Infinitas gracias.

Son casi las 1:14 pm del Martes (una semana después del sismo).
Mi pasado está colapsándose en Patricio Sanz #37, ahí donde vivía.
Ahora sólo tengo el futuro… y eso está bien emocionante.
Ya nada más te puedo decir “Adiós, Patricio Sanz #37. Adiós”
Gracias a ti también, por todo lo que me diste. Gracias por todo.

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Published by yoSoyTono

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2 thoughts on “Adiós, Patricio Sanz #37. Adiós.

  1. Es una bendicion que puedas contar tu historia y de esa manera. Siendo Mexicana vivo el dolor de mi nacion, el caos y la desesperacion de mis amigos y familiares a distancia. Animo y mucha fuerza.

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